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lunes, 5 de diciembre de 2011

31 AÑOS CON VILLANCICOS TRADICIONALES EN LOURDES

Durante 31 años e ininterrupidamente la Asociación Nacional del Folklore de Chile se hace presente en la Gruta de Lourdes con cánticos de adoración y ofrenda al hijo de Dios. Villancicos tradicionales intepretados por diversos conjuntos folklóricos dúos y solistas.

Comenzamos este 04 de diciembre del 2011 con la participación de: El conjunto Folklórico Alero, Conjunto Folklórico Ventanal, Raíces del Copihual, Copihues y las Chinitas de Puente Alto y el Conjunto Imágenes de mi tierra.

cada año Anfolchi invita através de este encuentro a alejarse de viejas costumbres que nada tienen que ver con nuestra idiosincrásia, hoy en día penosamente la navidad se ha convertido en largas caminatas para elegir el mejor regalo, donde muchas veces se incurre en abultado endeudamiento así como también del stress que provoca el correr tras los muchas veces carísimos regalos.

La costumbre de hacer obsequios en navidad deriva de los reyes magos que al traspasarse al pueblo, materializó sus ofrendas con humides productos de la tierra u objetos artesanales desencadenándose en Inglaterra encabezado por la Reina Victoria una estampida de consumismo en las proporciones que hoy conocemos. Pero son los villancicos con su simpleza que nos revelan y nos recuerdan el verdadero sentido de regalar que viene de los pastores en los primeros siglos de nuestra era.

El afán por imitar modas ajenas poco a poco nos ha llevado a eliminar el pesebre apra reemplazarlo por pinos nevados, por viejos pascueros muy abrigados e inapropiado para nuestro clima, los animales y las carretas, reemplazados por renos y trineos que en Chile jamás existieron. Como bebida "el cola de mono" con alto indices calóricos que nada tiene que hacer con las altas temperaturas que gozamos o nos agobian a los chilenas en esta fecha.

La Asociación Nacional del Folklore de Chile invita a la comunidad a recuperar los viejos pero escenciales valores que la navidad encierra, retomemos antiguas tradiciones que nos llevaban a reunirnos en familia frente al pesebre, a acercarnos a nuestros amigos y a lo más puro de nuestra cultura tradicional. Tengas todos ustedes una Feliz navidad 2011.

Programa:

Domingo 11 de diciembre 2011: GRUTA DE LOURDES de 16:30 a 18:30 hrs.
Domingo 18 de diciembre 2011: GRUTA DE LOURDES de 16:30 a 18:30 hrs.

Domingo 17 de diciembre TEMPLO VOTIVO DE MAIPU de 16:00 a 18:00 hrs.

viernes, 24 de diciembre de 2010

Saludo Navideño.


Con la alegría que traen estas fiestas de Navidad la Asociación Nacional del Folklore de Chile, Anfolchi, saluda a todos sus asociados y amigos del folklore, deseando que en estas Pascuas estén reunidos con las personas que más quieren, sean estos amigos o familiares y disfrutando de estas navidades a la chilena con albahaca y clavel.

"¿Quién, de los que aún quedan fieles
a la vieja Nochebuena,
se fue a correr la verbena
entre albahacas y claveles ?

¿Quién, desoyendo la voz
de la templanza que enoja,
quién mordió en la pulpa roja
de una sandía precoz?

¡¡ Qué encanto popular el de esos pesebres rurales con santos vivos y animales de verdad, y la pasión ingenua del villancico !!. Así no extraña el tono cazurro, la picardía y aun el liviano descomedimiento:

Villancico del Nacimiento.

Esta noche es Nochebuena

y no es noche de dormir

que la Virgen está de parto

y a las doce ha de parir.

"Se llama Jesús", Los Chacareros de Paine.(Villancico, rín chilote).

viernes, 25 de diciembre de 2009

La Navidad en la segunda mitad del siglo XIX

Un hermoso trabajo presentó el Conjunto Folklórico Ayerales en el Teatro Facetas, el día 20 de diciembre del 2009, en la cual pudimos vivenciar cómo se celebraba la navidad en la segunda mitad del siglo XIX, la presentación se convirtió en un valioso rescate de nuestras tradiciones, el cual queremos hacer presente, a través de este Artículo. Agradecemos a don José Soto director del Conjunto Ayerales quien nos hizo llegar este material el cual compartimos con todos ustedes.

LA NAVIDAD EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX
TERTULIA DE NAVIDAD EN CASA DE
LA FAMILIA ECHAURREN DE SAN MARTIN.

¿Saben Uds. cómo eran las primeras fiestas santiaguinas en época de navidad en la Alameda y en las casas particulares, que se encontraban a lo largo de esta actual avenida, allá por la segunda mitad del siglo 19? … Hoy ya ni siquiera es un recuerdo.

El gentío admiraba los “millones de luces” que prodigaba el mechero de gas dando luz a la alameda y la noche parecía día.

Los puestos de flores, dulces, refrescos, fiambres, frutas, mate, té, chocolate, etc. ocupaban una extensión de varias cuadras, desde la calle de la Bandera, hasta más allá de la de Duarte, actual Lord Cochrane. Casi en el centro del paseo se hallaba la banda de música, tocando piezas variadas. Era el tiempo del vals, de la polka, de la cuadrilla y de la varsoviana, y tanto damas como varones, para esta ocasión, preparaban sus trajes con meses de anticipación, y la sociedad elegante comenzaba a visitar esta feria, uniéndose a la clase popular.

El aspecto social de las antiguas navidades se apreciaba cuando se abrían las puertas de las grandes y elegantes casas y mostraban sus pesebres o nacimientos importados y los transeúntes pasaban a saludar al NIÑO LINDO, y cualquier persona era festejada con mistela, licor de leche y helado de canela.

Además de la celebración de navidad que hacía la iglesia, también se celebraba en casa el nacimiento del niño Dios, con tonadas y bailes, como jotas, sajurianas, mazurcas y zamacuecas, entre otros.

Se servía mistela, licor que en sus comienzos tuvo un rango aristocrático.

La fiesta de Navidad alcanzó una enorme fuerza y prestigio en todas las clases sociales, la celebraban tanto ricos como pobres, citadinos o campesinos. La iglesia atraía a los fieles con el adorno multicolor de sus pesebres, y las casas particulares se hacían estrechas para recibir a las visitas que querían ver al Niño Dios y conversar acerca de escenas bíblicas populares relativas al nacimiento. Las autoridades eclesiásticas intentaron prohibir en varias oportunidades los cantos a lo divino y los villancicos, pero no fue posible. Entonces, pidieron moderación en la celebración.

Sin embargo, se impuso la costumbre colonial, y la irrupción campesina estallaba hasta en la propia ciudad de Santiago, haciendo de la misa del gallo una verdadera fiesta de locos.

El nacimiento del Mesías era celebrado con mucha algarabía, sonido de pitos, chicharras, imitación de griterío de animales, etc.,

Al terminar la Misa del Gallo, la pascua continuaba con olor a albahaca, flores y frutas.

Y, en la alameda, las clases populares, permanecían toda la noche entre las ferias, viéndose la suerte o comprando algo de comer en los puestos y cocinerías entre gritos como “Chocolate caliente, calientito el chocolate”, “Duraznos de la Virgen, que se acaban los duraznos mi alma”, y visitando las distintas ramadas: “El rincón del amor”, ”La huasa Aurelia”, “La regalona”, “La sin envidia”, por nombrar algunas, donde cantaban muchachas al son de la guitarra, y la gente bailaba, comía, jugaba y bebía.

Durante toda lo noche se podía escuchar en diferentes partes de la ciudad, tanto en las casas particulares como en las calles a los cantores entonando romances y canto a lo divino, cantoras con arpa, guitarra y acordeón y los pitos, silbatos, chicharras y gritos de quienes seguían celebrando el nacimiento del Niñito Lindo.

En las casa de los alrededores del centro de Santiago, cerca de la plaza de Armas. En medio del bullicio y movimiento que provocan las ferias y ramadas, las personas participan de los pormenores que significa el nacimiento del niño Dios y la misa del gallo, cantando y bailando en un ambiente de gran regocijo y entrega por el acontecimiento.

lunes, 14 de diciembre de 2009

RECUPEREMOS LA NAVIDAD DE LOS CHILENOS

La celebración de la navidad en Santiago, cuando promediaba el siglo XIX, a lo largo del tramo comprendido entre el Cerro Santa Lucía y la estación Central, lo que hoy es el bandejón central de la Alameda santiaguina se llenaba de ramadas, tablados para el baile, presebres, puestos de ventas de flores, juguetes de madera, muñeca de trapo, comidas, bebidas, dulces y frutas, todos adornados con vistosos gallardetes de papel y faroles chinescos. Vinos, mote con huesillos, helados, mistelas, horchatas alojas de culén y ponches cabezones, alternaban con cazuelas, causeos de chancho, pescado frito, empanadas fritangas y pajaritos de masa con huevo batido. Las bandas de los llamados Batallones Cívicos se turnaban para interpretar variadas piezas.

Pequeñas industrias artesanales, como figuras de greda policromada y fraganciosa de las Monjas Claras, finas loza de Talagante, que hoy serían piezas de museo, abundaban en esos baratillos representando a la sagrada familia, los animales del pesebre, los Reyes Magos y los pastores.

Los huasos, con tenidas domingueras, se lucían con sus chinas igualmente engalanadas al anca de sus briosas calbalgaduras desplazándose con destreza entre los elegantes carruajes de la clase acomodada en las vías laterales de la Alameda, Arpas y guitarras en las ramadas, comadres con sus interminable cháchara, hacían también interminable el mate.

A la medianoche, el viejo estampido del cañón del Santa Lucía arrastraba al vuelo los campanarios de todas las iglesias, a las que se sumaban las sirenas de las fábricas, pitos, chicharras y matracas de los niños, detonaciones de petardos, viejas y cohetes, junto al griterío de la concurrencia.

La misa del Gallo concluía pasada la medianoche en los diversos templos, y mareas de gente como un río multicolor e interminable, desembocaban en Alameda, aromada con la fruta de la estación, claveles y albahacas. No lejos, en la plaza de Abastos, se aglomeraba otra enorme cantidad de gente que disfrutaba de los cantos alusivos al nacimiento o villancicos, de gran difusión en España y de extracto campesino, pastoril o villano de ingenuo contenido, que en Santiago se tornaban al aire libre.

El zapateo de la cueca y la refalosa en los establos acompañaban al melodioso vibrar de las cuerdas de arpas, guitarras y gargantas. Los poetas populares acariciaban las gruesas bordonas de sus legendarios guitarrones cantando fundamentos sobre el divino nacimiento y afinadas cantoras hacían oir su sello con hermosos villancicos en los pesebres cercanos.

En las iglesias, y de tempranas horas del día 24, se comenzaba a desarrollar la función, con cantos religiosos y profanos. Las estrofas de los villancicos criollos simbolizan la alegría de la naturaleza, la generosidad de su gente, evocando también los poderes de la madre tierra. Los fieles acudían con simples juguetes, que al terminar la función, se repartían entre los niños que asistían al catecismo.

Existía entonces una verdadera competencia entre las iglesias, conventos y parroquias por representar los mejores pesebres o paisajes Bíblicos con verdaderas obras de arte de imaginaría religiosa, traída a veces de Italia o Francia. La había también criollas y perfumadas hechas por las mismas monjas. Su fragancia provenía del amasijo con que las fabricaban: incienso, greda, yemas de huevo y vainilla.

En las casas de las familias de cierto rango, era costumbre de rezar la Novena del Niño Dios al pié de los pesebres. Cuando esta concluía, aparecía el arpa y las guitarras y no faltaban cantoras para cantar villancicos o aguinaldos, simples canciones campesinas alusivas al nacimiento. Luego asomaban las matracas, cohetes, petardos viejas y guatapiques. Las sirvientas hacían su aparición en la sala con bandejas de dulces, alojas en Culén, Horchatas con almendras, Sorbete de guindas y sabrosas mistelas. Entre adultos no era usual hacerse regalos, sólo los niños gozaban de ese privilegio, y aún no aparecía el pino de navidad.

Crónicas de la época, recuerdan que en las iglesias santiaguinas se mantuvo la costumbre de cantarlos a la usanza colonial hasta 1833, año en que fueron prohibidos por el Obispo Vicuña, a raíz de los desórdenes y bullicio que se originaba en el interior de los templos cuando los distintos gremios de artesanos entonaban sus cánticos al Niño Dios, entre cuyas estrofas deslizaban agudas puyas contra otros gremios y contra autoridades.

En efecto, a tempranas horas del día 24 de diciembre en las iglesias resonaban cánticos religiosos y profanos en medio de una batahola de gritos y empujones, donde niños y adultos hacían oír los más extraños instrumentos, imitando unos el canto de los gallos, rebuznos y bramidos. Al acercarse la media noche, comenzaban los cantos y salutatión a la virgen.

La representación de los pesebres, con la humildad propia del campesino, deriva de las enseñanzas y filosofía de pobreza de San Francisco de Asís, costumbres que pasó a América con los primeros misioneros franciscanos. En Chile, hasta hace muy poco, no era extraño hallar en algunas parroquias de lejanía provinciana resabios de pesebres amenizados con villancicos, con la activa participación de la comunidad, como restos de una tradición propia que debería recobrar su natural vigencia.

Este espíritu de la noche buena se mantuvo con todo su colorido y libre de influencias foráneas hasta los albores del presente siglo, hasta cuando fue una fiesta popular y no dirigida. Comenzó a declinar y desteñir cuando empezaron a aparecer los arbolitos de pascua cargados de copos de nieves en una alusión a su origen nórdico-europeo. En una primer momento en los hogares católicos no fue posible aceptar su presencia, ya que se estimaba que en pleno verano era ridículo pensar en nevazones, y por otro lado, no existía, ni existe noticia de que en Belén se haya conocido un copo de nieve.

Aún no se hablaba de Santa Claus, ni de sus renos, ni de sus trineos, pero al irse aceptando la tradición nórdica, se fue matando la fe religiosa y con ella, el verdadero significado de la navidad.

Actualmente, las confiterías ofrecen desde los primeros días de diciembre, que en Chile ya es pleno verano, Pan de Pascua que a comienzos de siglos era solo de consumo de las familias británicas, chocolates y Cola de mono, productos de alto contenido en calorías, muy apropiados para el invierno del hemisferio Norte...ya sea en Berlín, Estocolmo o Neueva York...

Las tiendas se engalan de nieve, pinos multicolores, trineos, renos y viejos pascueros. Las jugueterías ofrecen las últimas novedades de la electrónica: tanques, muñecas que hablan, lloran y se mojan.

La prensa, la radio y televisión bombardean infatigables con las delicias de un ambiente que siempre fue ajeno, pero que los chilenos, por engaño, por arribismo e incapacidad para defender nuestra tradiciones nos hemos acostumbrado a aceptar y consumir como moderna interpretación de fé cristiana.

El mensaje publicitario que empuja al consumo, en su afán expansionista se lanza a través de la televisión con una crueldad que corroe los hogares modestos, donde penetra sin esfuerzo, donde los niños no alcanzan a comprender la imposibilidad de sus padres para satisfacer sus justos deseos, sembrando en sus inocentes corazones la semilla embrionaria de resentimiento que con tanto dolor y perjuicio nos separa cada vez más como personas y como hijos de la misma tierra.

Nuestro afán por imitar modas ajenas nos ha llevado en estos tiempos a suplantar el pesebre y la fe cristiana por el Viejo Pascuero, igual como la muñeca de trapo fue desplazada por rubias y estilizadas Barbies, el trompo y el emboque por un arsenal intergaláctico, la mistela y los husillos con mote por las bebidas cola y los chacolíes por el wisky...en una festividad consumista que se hace en nombre del que nació pobre y perseguido en la soledad de un pesebre.

Celebramos una fiesta pagana con cruda escenografía invernal y sofocados del calor de nuestro verano...los retablos y nacimientos se quedaron solos, como sola se quedó la Virgen María hace casi 2000 años, sin más compañía que el asno, el buey, la oveja y un grupo de pastores tan desposeídos como ella.

ANFOLCHI, invita a recupera los viejos valores que la fecha encierra, que tanto la Biblia y nuestras tradiciones enseñan.
Procuremos alejarnos del desbocado consumismo a que nos obliga el modernismo a través de los mandatos del libre mercado y en su lugar depositar en el corazón de los chilenos el amor y la amistad, la sinceridad y la tolerancia; el compañerismo y la cordialidad vecinal. Reencontremonos en el seno de la familia , haciendo rueda en torno a retablos y pesebres, volvamos los ojos a la esencia de los villancicos que son la esencia de la tradición.